La terapia final contra la obesidad que resultó clave en su tratamiento

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En la actualidad hay más de 600 millones de adultos con obesidad. Esta enfermedad cuya prevalencia se ha duplicado en poco más de tres décadas y que ya representa uno de los principales problemas de salud pública en todo el planeta. También la obesidad se asocia a un mayor riesgo de desarrollo de enfermedades como cáncer o diabetes. 

De ahí que los expertos estén centrados en conocer mecanismos para atacar la dolencia. Este es el caso de los investigadores del King’s College de Londres (Reino Unido) y del Colegio Imperial de Londres que podrían haber identificado una proteína clave en el desarrollo de la obesidad, lo que podría posibilitar el diseño de tratamientos más eficaces para combatir la enfermedad.

"La obesidad ya constituye en la actualidad uno de los problemas globales más serios que amenazan la salud humana. Sabemos que la inclusión en la dieta de carbohidratos no digeribles reduce el apetito y la ganancia de peso, pero en nuestro trabajo demostramos por primer vez el papel esencial que juega el receptor FFAR2 en la habilitación de componentes dietéticos específicos para reducir la ingesta de alimentos y proteger frente a la obesidad", comentó Gavin Bewick, co-director de esta investigación.

A día de hoy se sabe que la obesidad es la consecuencia de la combinación de factores genéticos y de un estilo de vida ‘poco saludable’. Y asimismo, que dentro de este estilo de vida, la clave se encuentra tanto en la práctica de ejercicio físico como en la dieta. Por tanto, hay que hacer más ejercicio y comer más sano.

Los expertos explican que "más concretamente, hay que comer más carbohidratos no digeribles, caso de la consabida  fibra, que una vez ingerida viaja por el tracto digestivo sin que sea digerida por el organismo. Sin embargo, este viaje no es en balde: la fibra es fermentada y sirve de alimento a la flora intestinal, con lo que se logra que esta flora lleve a cabo sus numerosas funciones beneficiosas y vitales para el organismo". 

Posteriormente, los investigadores repitieron el experimento con ratones genéticamente modificados para no expresar la proteína FFAR2. Y en este caso, los resultados mostraron que los animales habían perdido toda protección frente a la obesidad. Comparados frente a sus homónimos mutantes, los ratones con el receptor FFAR2 mostraban un incremento de hasta un 130% del péptido YY (PYY), hormona que induce la sensación de saciedad a nivel intestinal.

"Este es un avance muy significativo para la comprensión de la relación entre la dieta y la regulación del apetito. Hasta hace unos pocos años se pensaba que la dieta de fibra era ‘inerte’ y que tenía un efecto mínimo a nivel fisiológico. Pero el hecho es que tiene un impacto muy notable sobre las células que ayudan a regular el control del apetito en el colon y que resulta ciertamente asombroso", indicó Gary Frost, codirector de la investigación.

Los expertos explicaron que el receptor FFAR2 es fundamental para que nos sintamos saciados y dejemos de comer, por lo que el próximo paso es buscar ómo utilizarlo en el desarrollo de tratamientos para prevenir o tratar la obesidad. 

"Gracias a este descubrimiento podremos empezar a mirar si podemos utilizar la dieta o diseñar fármacos para cambiar la composición celular del intestino y, así, tratar una gran cantidad de enfermedades, caso de la obesidad", explicó el experto. 

"El objetivo ahora será trasladar este descubrimiento en una tecnología que pueda aplicarse en los seres humanos. Tenemos que comprender cómo podemos utilizar este nuevo conocimiento para el desarrollo de sistemas alimenticios que resulten atractivos para un gran porcentaje de la población", concluyeron. 
 

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